Venezolanos en el Exterior
Conmovedor

Familia venezolana en Hungría convirtió su casa en refugio para recibir a ucranianos

“Cada familia que ha pasado por nuestro hogar nos ha dejado un aprendizaje”, afirmó Elvira.

Madres e hijos que huyen del horror de los bombarderos y de la destrucción de su entorno. Madres e hijos llenos de miedo y angustia. Madres e hijos que son recibidos por una familia de extraños, que le brindan comida, cama y quizás lo más importante, la inspiración para creer en la bondad humana y no perder la fe, a pesar de la guerra. 

Elvira, su esposo Ronald Bolívar y sus tres hijos Robert, Eleanys y Loreanys son oriundos del estado Vargas, en la zona central venezolana. Su padre, Pablo Korossy, llegó en barco al puerto de La Guaira escapando de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial.

“Mi papá es húngaro y en esa oportunidad le tocó huir de aquí y llegó como migrante a Venezuela. Conociendo su historia, sabemos cómo se siente enfrentar una guerra y tener que abandonar todo por el miedo de perder la vida. Mi padre encontró grandes oportunidades y personas que le ayudaron en Venezuela. Ahora nosotros estamos haciendo lo que creemos es lo correcto”, relata Elvira.

Los Bolívar Korossy decidieron migrar a Hungría en busca de nuevas oportunidades para sus hijos hace tres años. La situación de Venezuela los hizo retornar a la tierra del padre de Elvira, Pablo, quien es recordado como uno de los maestros pasteleros más apreciados en la cocina del Hotel Macuto Sheraton en Caraballeda. Pablo Korossy aprendió el oficio en Budapest y lo transmitió a muchos jóvenes que se formaron en el área de la pastelería en el hoy desaparecido hotel cinco estrellas. 

Tras instalarse en el país de su padre, la familia tomó cursos de húngaro y Elvira solicitó la nacionalidad, extendiendo el beneficio de ser ciudadanos a su esposo e hijos. Actualmente, el matrimonio trabaja y dos de los hijos cursan carreras universitarias. 

“Que me iba a imaginar yo que nos iba tocar vivir esto, junto a mi familia. Es una experiencia muy conmovedora, pero entendemos que somos unos instrumentos de Dios y estamos aquí con un propósito”, relata la mujer, que admite que tres hechos la han marcado para tener la disposición de abrir las puertas de su casa: su profunda fe cristiana, el ser la hija migrante de otro migrante y haber sobrevivido a la Tragedia de Vargas. 

Además de hospedaje, los Bolívar Korossy dan alimentación a sus invitados y ayuda para el traslado para su siguiente destino. Las familias pueden durar desde un día hasta una semana en su casa. Ellos son el primer lugar seguro luego de dejar atrás la guerra. 

“Nosotros estamos felices por esta labor que estamos haciendo, pues es una obra para Dios. Nos ha tocado que llegan personas que solo hablan ucraniano o ruso, pero igual logramos entendernos. El traductor de Google ha sido un gran aliado. Sin embargo, y esto te lo digo desde el corazón, estoy más que convencida de que el verdadero lenguaje universal es el amor que Dios pone en cada uno de nosotros, con una misión de vida”, indica Elvira.

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